Animated Turtle
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jueves, 30 de mayo de 2019

La aventura del dragón


   La espada se desprendió de una mano sin fuerzas, quebrando el silencio al caer. La respiración era pesada, mas no lo suficiente para evitar una mirada y contemplar así al dragón que yacía vencido: ojos cerrados, alas derrumbadas y ninguna agitación bajo sus escamas. La euforia pintó una sonrisa en el rostro victorioso, entre las cenizas y la sangre, ante la esperanza y los recuerdos de aquellos vengados por fin.
   Apartó la mirada de la bestia, el ser más grande que nunca hubiera contemplado, el más terrible que jamás hubiera enfrentado. Los horizontes se aclararon y el azul del cielo halló el verde de las praderas, el sol destelló al apartarse las nubes negras, y más allá había sombras de montañas que se alzaban en cadenas. Dio un paso con el deseo de regresar al hogar, hubo un instante de oscuridad y entonces el aire fue difícil de respirar.

   Una luz blanca, innatural, reemplazó al cálido sol de aquella jornada. La armadura no era ahora más que telas de un color malsano y una manta despelusada. Se sentó y pudo recordar: el coche, la autopista, los ruidos repentinos y el descontrol. Y así como tiempo atrás había despertado a los pies de un bosque en pleno verano, y con una espada junto a su mano, abría los ojos ahora en una blanca habitación, con tubos y agujas atravesando la piel igual que la dentellada de un minúsculo dragón. No podía creer que tantas cosas hubieran sido solo parte de un sueño. Tantas aventuras, batallas, millas a pie y a caballo; tantas caras nuevas, amigas y enemigas, sonrientes, tristes, amenazantes o aterradas.   
   Miró hacia la ventana. Ninguna estrella destellaba en aquel cielo nocturno, las montañas eran cuadradas, y los demonios corrían de un lado a otro con ojos de luz artificial. Tras unos pasos débiles, posó una mano sobre el cristal, y lo abrió. ¿Dónde estaban la brisa fresca y los suelos de hierba tierna? ¿Dónde la fragancia de la naturaleza y los grillos con su cantar? ¿Dónde el rey justo y noble, por su pueblo dispuesto a luchar? Suspiró. ¿Quién esperaría con una sonrisa a cantar sobre el dragón, quién amaría sin prejuicios, mirando con el corazón? Nadie, nadie en aquel mundo lo haría; y aquel del que había despertado le parecía ahora más humano, más real, aunque fuera de fantasía. De súbito, por un instante, lo vislumbró. Dio con la senda para regresar y sonrió, dejando de llorar. Si el sueño eterno era aventura sin final, debía retomarla ya. Saltó.  

lunes, 19 de mayo de 2014

El autómata



 Hubo un tiempo en que existía un autómata, un autómata distinto a los demás. No lo era porque destacara, o porque tuviera alguna habilidad, sino porque se expresaba, porque su rostro no era una placa tallada, en oro, en bronce o en plata. Podía mostrarse triste o alegre, podía silbar, podía llorar, podía hacer muecas o enfriarse en la seriedad. Mas no era su don algo que tuviera valor. En su mundo de autómatas reinaban las caras que ocultaban, no las que mostraban. En su mundo de autómatas las cosas como él no se podían entender, infundían temor, desconcierto, una nube de prejuicios envenenada en la incomprensión. Pero él no entendía por qué, por qué aquello tenía que suceder.

 Su coraza, además, no brillaba. No tenía joyas engarzadas ni un diseño de última gala. Portaba, entonces, una apariencia de escaso valor. Y gracias a ella andaba con discreción, observaba, pero no llamaba la atención pues todas las miradas le sobrevolaban, ignorantes del tesoro que guardaba en su interior. Allá donde otros poseían cadenas de engranajes que bullían en la negrura del aceite, él blandía un corazón. Era un motor distinto, frágil pero repleto de un confortable calor, impredecible, pues era guiado por el sentir del amor, del honor, del respeto y de la comprensión.

 Pero sentir no estaba programado en los autómatas de serie, eran rostros de única expresión e intereses prediseñados. Por eso aquel autómata se sentía desubicado, sentía su corazón como una carga y sus sentimientos como una maldición. Así pues los llevó de un lado a otro a través del tiempo, y forjó recuerdos, los arrastró por calles empedradas de vacías miradas pero no halló jamás la luz, el calor que tanto anhelaba.

 Caminó de norte a sur, fue desde el este hasta el oeste, pero nunca regresó, nunca pudo ser la marioneta inánime que fue una vez, el autómata inconsciente que no cargaba un corazón. Y con tal anhelo se perdió, se adentró en parajes ocultos por nieblas heladas de llanto, a través de árboles sin expresión, fríos, sin un lugar donde ir, solo el deseo de dormir. Y a ellos los envidió.

 Nunca regresó de aquellos bosques donde se abrigó con la soledad, aquella prenda forzada que al final de todo aceptó. No volvió a andar entre los autómatas, nadie volvió a ver su expresión, su existencia, su vida oxidada, condenada por la espera de una luz que jamás abrazó.  

Traducción y análisis "The sound of silence"

 Hola oscuridad, mi vieja amiga he venido a hablar contigo otra vez pues una visión reptando discreta dejó sus semillas mientras dormía Y la...